Tradición: La Hospitalidad

Algunos la llaman la Tradición de la “urbanidad”; llamar antes de entrar. Esto se hacía antes incluso de que los príncipes gobernasen las ciudades, y sigue en vigor aunque sólo haya otro Vástago en el dominio. Para decirlo sencillamente, un vampiro que viaje a una nueva ciudad debe presentarse ante el príncipe u otro Antiguo al mando. El proceso puede ser aterradoramente formal, con el príncipe pidiendo alguna prueba de la posición política y linaje del recién llegado, o tan relajado como un encuentro en el Elíseo. Algunos príncipes exigen que sus huéspedes anuncien su llegada de inmediato, mientras que otros aceptan presentaciones semanalmente o en el plazo de un mes lunar. Hay gobernantes muy liberales que incluso permiten ir y venir a sus visitantes sin anunciarse, requiriendo sólo que lo hagan si van a establecerse permanentemente en la ciudad.

Los que optan por no presentarse corren un grave riesgo. Si una ciudad se está enfrentando a la Yihad, el recién llegado puede ser tomado por un enemigo. Un príncipe puede invocar la Segunda Tradición para castigar con inpunidad a un vampiro que no se haya presentado. Por la Quinta Tradición, nadie discute el derecho del príncipe a cuestionar a todo el que entra en su dominio, aunque su poder para expulsarlo pueda fallar en ocasiones. El príncipe también tiene derecho a negar la entrada a cualquiera, particularmente en el caso de los recién llegados precedidos por su mala reputación, o que arrastren un pesado equipaje en forma de cazas de sangre, enemigos u otras amenazas potenciales para la ciudad y la Mascarada.

Estas negativas individuales se han hecho muy comunes en las noches modernas, pues los príncipes se vuelven paranoicos y xenófobos ante la inminente Gehena. Algunos, cuando se encuetran con un grupo de visitantes de la Estirpe, permiten la entrada a ciertos miembros de la cuadrilla mientras se la niegan a otros, razonando que si el grupo tiene algún propósito siniestro su potencial dañino quedará reducido con su número. Ciertos Vástagos notables pueden no ser bienvenidos en algunas ciudades mientras sus compañeros son aceptados sin reservas.

No todos los vampiros optan por presentarse. Los Inconnu, Matusalenes e incluso algunos Antiguos se niegan a hacerlo alegando que no reconocen los derechos y la autoridad del príncipe sobre ellos, aunque estén en su dominio. Los vampiros de clanes independientes (como los Ravnos o los Giovanni) pueden preferir no tener al príncipe vigilándoles constantemente. Autarcas y Anarquistas se limitan a burlarse de la autoridad, no son parde de la fiesta, así que ¿por qué molestarse en llamar? Por último, los vampiros abandonados tras el Abrazo sin recibir instrucción (un fenómeno cada vez más común) pueden no estar al tanto de la necesidad.


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