Tradición: La Mascarada

Esta Tradición se ha convertido en la base de la moderna sociedad vampírica y la ley que oculta a los vampiros de los ojos mortales. Revelar la existencia de los Vástagos a los humanos sería desastroso para ambas especies. Aunque la mayoría de la gente no creen en los vampiros, quedan los suficientes como para poner en peligro a toda la Estirpe. En las noches de antaño, durante la Edad Oscura y otras épocas más supersticiosas, esta Tradición no se imponía tan estrictamente y los vampiros vagaban sin preocuparse tanto de no ser vistos. Sin embargo la Inquisición lo cambió todo, pues los vampiros descubiertos fueron ejecutados y torturados para que revelasen sus secretos. Aunque los jóvenes pueden considerar la Inquisición historia pasada, está todavía muy fresca en las mentes de los Antiguos que sobrevivieron a ella. Es uno de los mayores puntos dedesacuerdo entre la Camarilla y el Sabbat: el Sabbat no ve necesidad de ocultarse del débil ganado, mientras que la Camarilla está convencida de los contrario.

Una violación de la Mascarada es el peor crímen que puede cometer un vampiro, además de uno de los más fáciles de simular para un príncipe que quiera actuar contra un enemigo. Según lo estricto que sea el príncipe con el mantenimiento de esta Tradición, cualquier cosa puede consistir una infracción, desde usar poderes vampíricos en público hasta tener amigos humanos.

Para quitarse de encima su inmortal aburrimiento, varios vampiros fuerzan la Mascarada cuanto pueden, divirtiéndose con el placer prohibido que pone sus no-vidas en epligro. El mundo ha reconocido los méritos de muchos artistas, escritores, músicos, modelos, actores y diseñadores de moda que, ignorandolo el populacho, eran vampiros. Por supuesto, muchos de ellos tuvieron abruptos finales al decidir otros Vástagos que su existencia amenazaba a los Hijos de Caín.

La Mascarada es un peligroso equilibrio; irónicamente, los Antiguos que más la respaldan son a veces su única amenaza (aunque indirectamente y sin saberlo). Una historia apócrifa habla de una pareja de cazadores de vapmiros (un nuevo recluta y su patrón) de vigilancia en un club nocturno. El patrón dijo a su subalterno: “Hay un vampiro en el local. Encuéntralo”, y éste señaló de inmediata al pálido y delgado caballero vestido con terciopelo y brocados a la moda del siglo XVIII. Seguro que era el vampiro, un enviado Ventrue de una ciudad vecina.


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